Archive for the ‘Arte y cultura’ Category
Lost London 1870-1945, en Kenwood House

Por si a alguien le interesa echar una vista a un Londres perdido tiempo ha, hay una exposición bastante interesante en Kenwood House hasta el 5 de Abril.
Doctor Zhivago

¡Habré visto de veces discos antiguos (y cassettes) con “la banda sonora de Dr. Zhivago”! Y al final me dije: ya está bien, hay que ver la película.
Rain, Steam And Speed

Hablando de mi descubrimiento, ayer me olvidé de contarles cuál era mi actividad programada… Y es que se encuentra uno un mosaico en un lugar insospechado, ¡y se despista de una manera que asusta!
En fin, al grano: fui a la National Gallery, a escuchar una charla acerca del famoso cuadro de Turner, “Rain, Steam And Speed“. Parece mentira la de cosas que se dijeron acerca de este cuadro en su tiempo. Hoy en día no le harían apenas caso, pero en su momento fue polemiquísimo.
La mujer que daba la charla no supo/quiso/pudo dar una interpretación definitiva acerca del cuadro, puesto que se puede interpretar poco más o menos como uno quiera, pero en resumen, hay dos puntos de vista bastante opuestos:
- Unos dicen que este cuadro representa el rechazo de Turner al ferrocarril y todo lo que el ferrocarril implicaba: destrucción de la naturaleza, de la bella campiña inglesa que Turner gustaba de pintar… y de ahí la violencia y la agitación plasmadas en el cuadro.
- Y los otros dicen que nada de eso, que en realidad este cuadro es una representación en pintura de las emociones que se sienten al subir en el tren, la vertiginosa velocidad, ver los paisajes emborronados, avanzando a través de tempestuosas lluvias sin descanso… y todo eso. Esto lo arguyen especialmente porque Turner estaba acostumbrado a viajar por Inglaterra y bien sabía él lo coñazo que era a veces desplazarse con los medios de locomoción de la época, así que cuando apareció el ferrocarril, estaba fascinado. ¡Qué velocidad y qué limpieza! ¡Viajar ya no era una agonía!
Luego nos contó unas cuantas batallitas para situarnos en la época y poder entender mejor el contexto, como por ejemplo que la gente organizaba competiciones de caballos contra trenes, para ver cuál llegaba antes, “y eran competiciones muy seguidas por la prensa”, añadió. Por supuesto, los trenes ganaban.
El cuadro gana muchísimo visto en la realidad, así que si tienen ocasión de acercarse a la National Gallery, no olviden visitar la sala 34, donde están éste y otros cuadros de Turner, como por ejemplo Calais Pier, otro cuadro suyo que me encanta:

¡Las olas del mar y la espuma son increíbles cuando se ve el cuadro al natural!
Hay muchos más eventos en la National Gallery todas las semanas, desde charlas a conciertos (para mi sorpresa), así que si quieren asistir a alguno, lo mejor es ver la programación en su web.
Victor

Encontré este mosaico, así de repente, en una especie de callejuela de nombre muy gracioso, cerca de St. James’s Park. Fue todo pura casualidad, puesto que apenas habré pasado dos o tres veces por aquí, y nunca en esa dirección. Consecuentemente, siempre he pasado de espaldas y era imposible verlo antes.
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Passport to Pimlico

La película transcurre en Pimlico, un barrio del suroeste de Londres, que probablemente no les suene de nada, aunque si han venido a Londres usando el Gatwick Express han pasado por él o al lado suyo, puesto que Victoria si no pertenece a Pimlico, desde luego está pared con pared.
El argumento está compuesto por una serie de absurdos hilvanados uno detrás de otro con grandes toques de ironía y humor británicos, incluyendo el situar el inicio de la película en una ola de calor. ¡Gran recurso estilístico para los ingleses! Un setting incomparable
La película, aunque tiene localizaciones del Pimlico real (de por aquella época, que de lo que sale, hoy en día queda más bien poco) y otros lugares de Londres como Houses of Parliament, Whitehall y Downing Street, fue grabada en los Ealing Studios, que como uno podría esperar, están en Ealing, en el oeste de Londres. Todo queda en casa. Lo curioso es que yo pensaba que ya no harían películas y que estarían requeteextinctos, pero ayer viendo los trailers en el cine salió el anuncio de una nueva película producida en los Ealing Studios. Así que… ¡bien por ellos!, por seguir al pie del cañón.

Las referencias a la climatología son constantes, al igual que las restricciones y racionamiento que estaban a la orden del día en la Inglaterra de postguerra (el racionamiento acabó en 1953, unos ocho años después del final de la guerra y cuatro después de que se rodara esta película), pero de todo se hace chiste.
Una comedia muy entretenida. No dejen de echarle un vistazo. Lo mismo la heatwave peliculera les hace entrar en calor, ¡muy recomendable cuando hace los fríos siberianos que estamos padeciendo últimamente!
- Descargar la película de archive.org
- Más detalles: en Wikipedia y en imdb.
Where the wild things are

Sin pensarlo ni beberlo, ayer acabamos yendo a ver “Where the wild things are“, una extraña película que me pilló totalmente desprevenido. Al parecer la promocionaban como una peli para niños, pero tenía un no-se-qué que me tenía intranquilo durante toda la película.
No sé si eran los personajes, el argumento, la escenografía, pero todo tenía un punto de tensión que le hacía a uno sufrir con la incertidumbre de si iba a pasar algo horrible de un momento a otro o no. ¿Están hechas de eso las buenas películas? Pues no lo sé. Lo que sí sé es que las películas que me gustan no son como ésta; no creo que la vuelva a ver. Demasiadas segundas lecturas, dobles sentidos, frases entre líneas y rollos varios, y los monstruos me resultaban físicamente bastante repugnantes.
Quizá esta sensación de inquietud y disgusto se vio aumentada porque vimos la peli en el Cineworld de King’s Road, alias “La nevera de Chelsea”. Los últimos minutos de la película los alterné entre desear que acabara para acabar con la intriga, y desear que acabara para poder salir corriendo y acabar con el frío. Como anécdota, incluso la taquillera nos dijo que estaba heladísima. Es bastante curioso, porque la otra vez que vinimos a este cine –un delicioso día caluroso, en pleno verano– también nos quedamos helados, en la mismísima sala 1. ¿Coincidencia? ¿Tendremos que escribir una carta a dirección para que le meta caña a las estufas?
“The Red and the Green”, de Iris Murdoch
Acabé de leer el libro anoche. Me lo había agenciado espontáneamente –como a mí me gusta– en un mercadillo de libros de segunda mano que me encontré de pura casualidad el viernes pasado en Amsterdam, para poder enmendar el gran error que cometí al no llevarme nada para leer durante el viaje. Me había empecinado en que con leer la guía de viaje (que aún no había conseguido acabar de leer antes de subir al avión) ya tendría bastante entretenimiento, y si no, me había llevado mi libreta para tomar notas si se me ocurría algo en los tiempos muertos y así no perder ni un minuto, pero no funcionó. ¡Necesitaba leer algo!
Así que cuando tuve ante mí el mercadillo no pude resistirme a inspeccionarlo. Y cuando vi el libro de Iris, tampoco pude resistirme a comprarlo. Un buen libro antigualla –la edición es de 1965– con una foto de la autora totalmente incorrecta políticamente hablando (rodeada del humo de un cigarro y con el entrecejo bien fruncido), diseño retro, y las hojas bien amarillas. Le pega bien al ambiente del Café de Pels, y con el libro me fui allí, a degustar el segundo capuccino mientras leía el primer capítulo.
Como siempre, esta mujer se las arregla para liar las cosas de una forma increíble. Me gusta esa forma que tiene de ir colando los asuntos así como quien no quiere la cosa. Tiene un buen ritmo. El transfondo de la novela es la rebelión irlandesa de 1916, también conocida como Easter Rising, de la cual sólo tenía leves referencias y sobre la que –por supuesto– me he informado para enterarme mejor del contexto de la historia. Me ha recordado en cierto sentido a los libros de la saga “El laberinto mágico” de Max Aub, por aquello de tener una guerra (o evento bélico) de fondo y mezclar a los personajes históricamente reales con los de ficción. En el caso de esta novela, funciona estupendamente y es tan creíble que llegué a pensar que algunos de los protagonistas habían existido de verdad.
Aunque… ¿quién sabe? Me da que toda la bibliografía de esta autora está cargada con dobles significados y cosas que quieren decir más de lo que aparentan. Que bajo su fachada de dramón decimonónico y enrevesado hay todo un sistema de simbologías y válvulas de escape para alejar sus propios dramas y frustraciones personales (que al parecer no fueron pocos).
Las descripciones son también muy evocadoras –especialmente si han estado en Dublín–. Es como si estuvieran pintando un óleo (o mejor, una acuarela) en la mente de uno según va leyendo los pasajes. Clontarf, Howth, St. Stephen’s Green, las calles en cuesta, las fachadas negras, la lluvia impredecible que empapa el ambiente… está todo.
En fin, que me ha gustado. Es un estilo diferente del que estamos acostumbrados a leer hoy en día, pero si tienen ocasión, no dejen de leerlo. Les sorprenderá.
Breakfast on Pluto

El domingo pasado hacía un tiempo que invitaba a quedarse encerrado en casa y no salir en todo el día, y eso hice. Aproveché para dedicarme al bello pasatiempo de pintar monas, mientras me ponía al día con películas varias y tomaba té.
Entre las películas que vi, merece la pena destacar Breakfast on Pluto. Es una extraña historia de una chica que nace chico, es abandonada por su madre… y todo esto sucede en una Irlanda catoliquísima y liada con terrorismo al mismo tiempo. A pesar de ello, la película no es deprimente, no trata de caer en los tópicos fáciles ni causar repugnancia o jugar con el morbo populista. La historia transcurre elegantemente, los actores son geniales y te deja hasta un regusto dulce al acabar. Como bonus, sale Londres en los 70’s, así que no dejen de verla. La música también está muy bien.
Ficha en IMDB
Cloudy with a chance of meatballs

… o en otras palabras… ¡peliculón!
Al fin hemos conseguido a verla. Hemos tardado tanto que ya ni siquiera la daban en sesión de tarde, sólo en la matinée. Casi, se diría, horario infantil: 12.30h. Pero bien está cambiar por una vez. Nos ha venido de perlas el cambio de hora, así hemos ganado una horita; si no, no nos habría dado tiempo a llegar, porque ha sido “pensado y hecho”, y hemos llegado justitos, justitos.
En lugar de la súper sala 1, como cuando fuimos a ver “Up”, nos ha tocado la sala 4, que es mucho más pequeña e íntima: apenas tiene iluminación auxiliar, así que realmente te quedas a oscuras si la pantalla se queda en negro. Como nota curiosa, éramos cuatro personas en la sala
La película no tenía ningún corto previo, al contrario de la tradición Pixar, así que hemos entrado en materia rápidamente. Está llena de guiños graciosos; por ejemplo, en la introducción ya pone algo tal que “Sony pictures presents this movie made by … a lot of people”. Y el resto son todo bromas a unas y otras cosas, burlas de los tópicos, y chistes, uno detrás del otro. Juego de palabras como cuando la reportera, Sam, retransmite “Icecream, you scream…” (que no se traduciría como “helado, tú gritas”, sino más bien como “yo grito, tú gritas”). Me pregunto cómo traducirán estas cosas luego al español.
Las carcajadas eran continuas, si no por una cosa, era por la otra. Quizá la calidad del render no es tan buena como la de Pixar, pero lo que importa, que es el guión, está perfecto. Divertido sin caer en el sentimentalismo forzado ni en los chistes ñoños para niños. Es una película para niños adultos, diría yo. Con suficiente fantasía como para que nos olvidemos de buscarle sentido a lo que ocurre y que los niños se lo pasen pipa, pero con un humor con casi segundas intenciones que probablemente sólo captas cuando eres más mayorcito.
De hecho, incluso diría que me ha gustado más que Up, que en algunos momentos pecaba de esa blandenguería de laboratorio que tanto repelús me da. Puede que sea, también, porque esta es una comedia pura y dura, y su intención es hacer reír, no conmover.
Veredicto: si les gustan las historias inverosímiles y quieren pasar un rato divertido, ¡es su película! Si en cambio buscan películas con reflexiones metafísicas sobre temas monumentalmente serios, o simplemente, una película en la que echar una lagrimita, olvídense.
Habrá que hacerse con el libro y ver si la película está a la altura del mismo. ¡O a la inversa! Ya sería caso que el libro fuera peor que la peli.
PD Por cierto, si les gustaba el Equipo A y echan de menos a Mr. T, no dejen de verla, puesto que Mr. T pone la voz al poli
Phil May

Curioseando por Archive.org he ido a topar con las obras de Phil May, un ilustrador británico de finales del siglo XIX. Lo interesante es que tiene varios trabajos ambientados en Londres, como por ejemplo, Mr. Punch’s life in London, y aparte del valor artístico y humano de las ilustraciones, me llama mucho la atención lo poco que ha cambiado Londres en este siglo y pico transcurrido desde que fue plasmado en papel por este artista. Muchos entornos y motivos son fácilmente reconocibles –las ventanas, las farolas de las comisarías, el hombre anuncio de Oxford Street que ilustra esta entrada, etc–; el resto lo ponen todas las películas ambientadas en el Londres victoriano y eduardiano que hemos visto directa o indirectamente
Se pueden ver y admirar libremente sus trabajos en archive.org
