Archive for the ‘Vida cotidiana’ Category
Frankenstein y los escandalosos
Les comentaba el otro día que nuestros vecinos están de lo más molestos últimamente. Eso, o es que se nos está afinando el oído, al revés de lo que cabría esperar (más mayores, y más sordos).
Primero empezó el de arriba. Puede que el ocupante de ahora sea un nuevo inquilino, y por eso no nos había molestado el/los de antes. Su forma de incordiar y resultarnos unpleasant consiste en dar pasos. Sí, caminar por su piso. ¡Pero de qué manera, y a qué horas! No tengo ni idea de quién vive arriba mío –estas cosas de las grandes metrópolis–, puesto que nunca se ha dignado a aparecer por las reuniones de vecinos, así que no sé si está gordo, es enorme o si gusta de calzar zuecos o zapatos con suelas ruidosas. Lo único que sé es que a las 6.30 de la mañana comienza el estruendoso zapateado: TROMP, TROMP… TROMP, TROMP…
¡Ya es primavera! … en Reino Unido
Andaba deseando que acabara el mes de Febrero, se ha hecho odioso por el frío tonto (¿para qué helar, si no vas a nevar?), por la carga de trabajo y quizá por eso, o además, por lo pesados y molestos que están los vecinos últimamente (que esto merece un post aparte).
Y va y me encuentro con que en Reino Unido el invierno está compuesto por los meses de Diciembre, Enero y Febrero. O lo que es lo mismo, que no se esperan hasta el 21 de marzo para inaugurar esa lírica y romántica estación: aquí la primavera empieza el uno de marzo.
Por una vez, el tiempo fue consecuente; fue amanecer el día uno y todo era un continuo de rayos de sol inusitados. No me lo creía: el fin de semana gris y chapoteante, y de un día para otro, todo eran piares de pájaros alegres y olor a brotes tiernos.
Así que bien, aún no he conseguido librarme de este pico de trabajo, pero al menos me consuela pensar que ya se ha acabado el invierno, aunque sea de palabra
Manolo’s: tienda de barrio a la española… en Londres

(Foto por Qype)
Creo que casi todo el mundo que vive en Londres aprende rápido dónde encontrar productos españoles. La voz se corre rápidamente entre los recién llegados y casi como un rito iniciático se acaba visitando el García de Portobello más tarde o más pronto.
Quizá por eso mismo –por su popularidad– han perdido un poco el encanto que mantienen otras tiendas como ésta que encontré de pura casualidad. Andaba dando la vuelta por un sitio por el que no suelo pasar, cuando de repente el cartel verde, y sobre todo el contenido del cartel, me llamaron la atención: MANOLO’S.
¡Una tienda con ese nombre sólo podía ser española!
Así que me decidí a entrar, a ver qué podía ofrecerme el Manolo’s.
Es una tienda pequeña, con un carácter muy, muy de barrio, de tienda tradicional, de las que la gente se felicita las fiestas, se pregunta qué tal con interés… de las que los dueños conocen a los clientes y a la inversa, en definitiva. Cuando entré, la que me parece que es la dueña estaba hablando con otra mujer, en español. Me hizo gracia el acento gallego de la dueña: casi todos los negocios de españoles que he visto en Londres están fundados por gallegos. Y es que mira que les gusta embarcarse rumbo a lo desconocido
El producto dominante en la tienda son las frutas y verduras. Tenían muy buena pinta, pero no me hacía falta nada en ese momento y tampoco tenía ganas de ir con peso, así que semi-ignoré esa sección. También tenían (aún) montones de dulces de Navidad; incluso se podían comprar polvorones y mantecados a granel. Estuve tentadísimo de comprar algunos más para rellenar nuestro mermado depósito de dulces navideños, pero pensé que si estos dulces sólo se comen en ciertas épocas del año, era por algo (¿quizá por los michelines?) así que también me reprimí.
Pero lo que finalmente me sedujo totalmente fueron las… ¡aceitunas rellenas de anchoa!
Y no porque no pueda comer ensalada si no es con este tipo de aceitunas, como le pasaba a aquella pareja de la que les hablé en el episodio anterior, sino porque últimamente estoy encontrando que las aceitunas que venden en los súpers tienen una cantidad de sal que es escandalosa.
Así que vi aquel bote marca “Serpis” y me dije: esto suena a alicantino, ¿sí o sí? Totalmente, estaban hechas en Alcoy (el Serpis es el río que pasa por Alcoy). No serán aceitunas manzanilla made in Sevilla, pero les puedo asegurar –previa cata– que le daban mil vueltas a las otras aceitunas que he ido probando estos meses para ver si era culpa de la marca en concreto o del proveedor de cada supermercado, sin éxito alguno.
Aparte de ser más baratas (£1.85 el bote versus £2 con algo del Sainsbury’s, gama pija), saber mejor (¡a aceituna, no a cloruro sódico en cantidad!) y tener muchísima menos sal, la apariencia externa de las aceitunas en sí es muchísimo mejor: están firmes, sin estar duras, la piel brillante sin resultar artificial; y hasta se notan un poco las motitas que tienen las aceitunas (si han visto una aceituna “de verdad” sabrán a qué me refiero).
Me da la impresión de que los supermercados de UK les compran las aceitunas de “categoría III” y ellos las venden como “categoría I”, y la categoría I es la que se vende en España. Porque si no, no se comprenden estas aberraciones.
Y volviendo a Manolo’s, tras esta alegre y aceitunosa divagación, también compré una latita de pulpo a la gallega y una cajita de membrillo, que le hacen gracia a mi compi. Se le puso una cara cuando los vio: “¿De dónde has sacado esto?” ¡De pura antología!
Así que si están por la zona de Pimlico, no duden en visitar Manolo’s. No tendrá tanto surtido como García, pero tiene mucho más encanto
Manolo’s
129 Lupus Street, Pimlico,
London SW1V 3EN
Queso, tomate Orlando y las aceitunas rellenas de anchoa
Hagamos un inciso en la investigación de las charity schools de Westminster. Les contaré una de las cenas más extrañas que sufrí hace unos meses, para que esto no se convierta en un blog de historia de Londres (que tampoco estaría mal, pero no lo leería ni el Tato, me temo).
Me dijo mi compi que había conocido a un tipo que se venía a trabajar a Londres, con su novia, y que le había insistido tanto, tanto, en quedar para cenar y charlar un rato, que al final aceptó. Así que de esa manera tan tonta me vi obligado a acudir a dicha cena.
El restaurante elegido era una pizzería rústica por Old Street. Ahora no recuerdo el nombre exactamente, pero era un lugar bastante peculiar, con ladrillos y piedra vista. El camarero nos llevó hacia la parte de abajo, una bodega con atmósfera añeja. Les preguntamos si les parecía bien coger cuatro tipos de pizza diferentes, y compartir, y dijeron que sí, que estupendo. Así que eso le pedimos al camarero.
Al rato vino con las susodichas, ¡riquísimas! Con generoso queso, una masa fina pero suficiente para aguantar el peso, resto de condimentos sabrosos, en fin, ¡muy bien! Así compensábamos con la lánguida conversación que estábamos manteniendo, o mejor dicho, la conversación que estábamos alimentando por vía intravenosa, porque aquello ya estaba en las últimas. Las aficiones de nuestros “invitados” pasaban todas por la caja tonta, y nosotros, que no vemos la tele, ¡no sabíamos de qué nos estaban hablando! Cuando tratábamos de desviar el tema y hablar de algo de lo que pudiéramos hablar, duraba poco: al rato se quedaban callados y mirando a las batuecas. Oh qué padecer…
En uno de esos recovecos de conversación, sale el recurrente y socorridísimo tema de España versus Londres. No me sorprendió, especialmente porque estaban casi casi recién llegados a Londres: es normal que eches cosas a faltar, o al menos que encuentres cosas raras, diferentes. Pero va y dicen que lo que más echaban de menos, y por lo cual hacían viajes en exclusiva al García de Portobello, era el tomate Orlando.
El Horror.
Me quedé mirándolos sin poder creer lo que estaban diciendo. ¿Orlando? ¿Pagan por un producto importado que encima es malo de narices? Se estarán refiriendo al Solís…, me dije. Lo pregunté, no fuera que hubieran cometido un despiste mental. Pero no, no, lo decían en serio. Les gustaba el tomate Orlando. Lo admitían en público.
Y aquí les explicaré por qué aquel hecho les restó muchos puntos de repente: el tomate Orlando es probablemente de lo más repulsivo y desagradable que se puede encontrar en el mercado. Lo probé una vez, una y no más, porque casi echo la pota con ello. Era una especie de puré aguado, ácida a más no poder, donde apenas se podía encontrar algún tropezón de tomate. En aquella ocasión, pensé que es que quizá me había salido una lata pasada de fecha, pero lo comprobé y estaba en plena vigencia. Aún extrañado, le pregunté a más gente, y todos lo confirmaron: ¡era el peor tomate que habían probado!
Así que escuchar a aquellos dos diciendo que echaban de menos aquel tomate fue una especie de revulsivo. A partir de ahí, la conversación fue en picado. Luego siguieron: lo otro que echaban de menos eran las aceitunas rellenas de anchoa. No podían concebir una ensalada sin ellas. Sí, hablo en serio. No podían comer lechuga si no era con aceitunas rellenas de anchoa en el mismo recipiente. “No les entraba”. Por lo tanto, debían ir al García de Portobello a por las aceitunas también. Les pregunté si no les bastaba con aceitunas rellenas de pimiento, que es lo que se estila más por aquí, y por supuesto dijeron que no. Que o con anchoa o nada, no hay ensalada que valga.
Pero el bombazo de la noche aún estaba por llegar. Quizá con la lengua sueltecita gracias al alcohol de la cerveza que habían tomado, nos confesaron que no les gustaba el queso.
Miramos hacia las bandejas de las pizzas, que aún estaban sobre la mesa, como recordando la de queso que acabábamos de ingerir, y los miramos a ellos. Lo único que pudimos contestar fue:
– Pero si no os gustaba el queso… ¿por qué habéis cogido pizza?
Tampoco es que fueran muy argumentativos:
– Bueno, hemos cogido las que menos queso tenían…
Podíamos habernos extendido preguntándoles por qué habían dicho que “vale” a lo de compartir pizzas, o podíamos haberles preguntado que si no les gustaba el queso –y es un hecho que sabían a priori– por qué habían dicho que sí a ir a una pizzería, pero es que estábamos ya tan alucinados, que el lado lógico-razonador de nuestro cerebro se debió desactivar para evitar una sobrecarga, porque no volvimos a comentar este tema hasta el día siguiente, cuando –entre nosotros– mi compi preguntó lo de “¿Y que no les gustara el queso?”
Buena pregunta. Toda la gente que conozco a la que no le gusta el queso es rara. No era de extrañar que no conéctaramos con ellos. Desde entonces, cuando conozco a alguien tengo el deseo irrefrenable de preguntarle si le gusta el queso
Los españoles y Harrod’s
Tengo este tema en la cabeza durante toda la semana (bueno, no siempre en primer plano, ustedes me entienden), desde que el sábado pasado, cuando volvía de hacer mis pesquisas sobre Leinster Gardens, pasé por Knightsbridge. Un sábado por la tarde. Aquello parecía una avenida cualquiera de una capital española cualquiera.
Les sitúo en mi contexto: sábado a las tres de la tarde, sin viento que estropeara la sensación térmica (el feels like del hombre del tiempo) el sol tiñéndolo todo de un color miel dorado que nos hacía a todos ponernos melancólicos y que todo nos pareciera precioso. Así, la gente salió a la calle en masa, como siempre que hace medio buen tiempo en invierno, y estropearon totalmente mis planes.
¿Qué tienen que ver mis planes con la gente?
Viene/vuelve la nieve… ¿o no?

No se me asusten, que esta foto es de 2009
Ayer por la tarde-noche tuvimos el placer de ver unos cuantos copos de nieve dejarse caer sobre nuestras calles. ¡La nevada de febrero! Pero fue cosa insignificante; ni se tuvo que cerrar el metro ni los aeropuertos ni nada
La duda ahora es si se repetirá, y si lo hace, si llegará a superar lo del año pasado. A mí me parece que no; la meganevada de 2009 cayó el 2 de Febrero, estamos ya a nueve y los días cada vez son más largos, así que es más difícil que cuaje…
Pero cosas más raras se han visto, ¿no?
Estaremos al tanto.
Atrapado en un aseo público
Otra noticia espectacular, después de la de los pijamas en el súper, empieza a dar miedo leer el periódico, a ver con qué se van a superar:
Town hall chiefs have agreed to pay compensation to a jogger who was locked in a freezing public lavatory for 17 hours.
An attendant failed to check if there was anyone inside the building before locking the door.
The jogger, pictured above in a CCTV image, was forced to wrap himself in a bin liner and spent the night of Christmas Eve underneath a hand dryer to keep warm.
A Southwark Council spokesman said the unnamed man had been running in Dulwich Park when he visited the loo.
He was then trapped until 9.30am on Christmas Day when the lavatories were unlocked.
The man did not have a mobile phone to call for help and missed opening presents with his family. Council chiefs have now apologised to him.
Manual de estilo del político español
Cada vez que veo estas noticias, es que me da la risa. Y es que en España a los políticos les encanta esgrimir el recurso de la dimisión cuando se han cansado/aburrido de opositar:
Mientras Mariano Rajoy evita en todo momento pedir elecciones anticipadas, Esperanza Aguirre, casi siempre más directa, ha decidido lanzarse abiertamente a reclamarlas. Tras un duro análisis sobre la gestión de José Luis Rodríguez Zapatero, la presidenta de la Comunidad de Madrid ha llegado hoy a la conclusión de que el presidente “es la viva imagen de un político desgastado y vacilante”. Esta tesis la ha mantenido ante el comité ejecutivo del PP de Madrid, una reunión a la que no han asistido ni Manuel Pizarro ni Alberto Ruiz-Gallardón, ni tampoco Manuel Cobo, recién suspendido de militancia. Sus palabras las ha justificado en lo que dicen las encuestas que maneja el PP y también en la “creciente desconfianza incluso entre los suyos”
Claro, es obvio que las encuestas que maneja el PP (o cualquier partido de la oposición) siempre van a servir para justificar que se pida la dimisión del gobierno, para ponerse ellos. Read the rest of this entry »
Escuálido y squalid… ¿false friends?
Iba el otro día a escribir una frase usando squalid –me salió así–, cuando de repente pensé que quizá sería una buena idea consultar el diccionario antes, no fuera que quisiera decir otra cosa.
El significado que yo buscaba era el típico: flaquísimo, en los huesos. Pero el diccionario me dijo que squalid, en inglés, era esto:
squalid /’skwɑ:ləd / || /’skwɒlɪd/ adjetivo
1. (dirty) ‹existence/house› miserable
1. (sordid) ‹story/business› sórdido
¡Toma castaña! Aunque no es “del todo” false friend, en el sentido inglés > español, porque la segunda acepción en español podría, de lejos, corresponder al significado principal en inglés:
(Del lat. squalĭdus).
1. adj. Flaco, macilento.
2. adj. Sucio, asqueroso.
En fin, que al final acabé usando otra palabra. Mejor no confundir a los lectores…
Prohibido llevar pijama al súper
Me encontré esta noticia y pensaba que se les había escapado de algún espacio-tiempo paralelo en el cual ya es 1 de Abril (y por tanto, “April Fools’ Day”, el equivalente anglosajón de nuestro Día de los Santos Inocentes):
Civil liberties advocates and government figures have drawn battle lines in a debate likely to affect the lives of millions of people.
Is it acceptable to wear pyjamas out in public?
[...]
In Cardiff, Elaine Carmody was escorted off the premises of her local Tesco after falling foul of foul of a new dress code that prohibits nightwear.
The rules were brought in after members of the public complained that the sight of people pushing trolleys in their PJs made them feel uncomfortable and embarrassed.
[...]
“I’ve got lovely pairs of pyjamas, with bears and penguins on them. I’ve worn my best ones today, just so I look tidy,” said Ms Carmody, 24, who had chosen the comfortable option to “pop in for a pack of fags”.
“If you’re allowed to wear jogging bottoms, why aren’t you allowed to wear pyjamas in there, that’s what I don’t understand. It is ridiculous and stupid. I go in other shops in my pyjamas and they don’t say anything.”
¿O será una gamberrada de los Monty Python? Quizá una nueva columna semanal en el periódico, me dije, tratando de racionalizar un poco esta noticia. Porque no me digan que no se imaginan un sketch de los Python, en el que uno de ellos, vestido de mujer –con pijama– protesta indignado frente a un periodista de la bbc, que ha llegado para cubrir el evento con la máxima celeridad
A mí personalmente no se me ocurriría hacer tal cosa, y lo cierto es que si veo a alguien en pijama por la calle, pienso dos cosas:
- que está enfermo y viene o va del hospital, con urgencia
- que es un marrano (por muchos pingüinos y ositos que lleve el pijama)
La razón por la que pienso así es porque considero los pijamas y en general la ropa “de estar por casa” como algo casi sacrosanto, y así como yo no le muestro los míos a nadie, tampoco quiero ver los de los demás. Sobre todo porque los pijamas tienden a ser más finitos y atrevidos que la ropa de calle, mostrando cosas que de normal no veríamos… y que no tenemos el por qué sufrir visualmente
Yendo más allá (y pensando aún peor), si alguien baja a la tienda en pijama, significa que no se ha cambiado y ha salido de casa tal cual ha salido de la cama. Lo cual conlleva implícitamente que no se ha duchado, y por tanto volvemos a mi hipótesis de que es un marrano
¿Qué opinan? ¿Les parece bien la medida? ¿Irían (o van) ustedes al súper en pijama?
