Una conocida cadena de supermercados británica proclama pomposamente, con profusión de cartelería y bandoleras, que el corriente es su 140 aniversario. Y yo me pregunto… ¿qué más da?
Dado que han elegido (o les han forzado, como lo queramos ver) seguir el sistema y la filosofía decimales, 140 es un valor del todo irrelevante. Quizá si hubiera sido 150 –siglo y medio–, o 125, como anuncia otra de las famosas cadenas que tiene a bien cumplir años este ídem, como si el paso del tiempo fuese algo excepcional, fuera de lo común, quizá, sólo quizá, podríamos incluso siquiera tener en cuenta tal acontecimiento. ¿Pero 140? 140 no es nada.
Díganme, díganme a qué les recuerda 140, qué les inspira. A mí simplemente me dice que es 14 x 10, o lo que es lo mismo, 2 x 7 x 10. No tiene relevancia ni entidad por sí solo: un mero múltiplo de 7.
En cambio, piensen en 100. ¡La centena! ¡El siglo! ¡El pleno! Llegar a centenario… Hasta Carlos Saura le dedicó una película (Mamá cumple cien años) al tema, o sea, que no es cualquier cosa. Pensemos ahora en 150: ¡el siglo y medio! Más aun que cien. En derogativo: el metro y medio. “Es un enano, sólo mide metro y medio”. Pero es que es un derogativo hasta simpático. Imagínense, en cambio, empleando 140 como derogativo: “Es un enano, sólo mide metro y cuarenta centímetros”. ¡Qué poco elegante! ¿Dónde quedó la concisión del metro y medio?
Supongamos en cambio que quisieran seguir sus tradiciones, y en lugar de seguir la filosofía métrico-decimal, emplear más bien las bases sexagesimales como cimiento para las efemérides. ¿No tendría lógica, en este caso, celebrar los 60 años? Los 120, 180, etc. Y comprueben como ni así funcionan los 140 como efeméride, ¡ni así!
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