¡Qué semana, santo cielo, qué semana!
La empecé corriendo y a contrarreloj, el domingo (como los anglosajones empiezan la semana el domingo…). Había quedado con una amiga en Holland Park para aprovechar el providencial sol que nos brindaba este loco clima, y cuál fue mi sorpresa al encontrarme con la mitad de líneas de metro cerradas por obras. Ahí es donde se pone a prueba la verdadera experiencia londinense: ¿cuál será la ruta alternativa más rápida? ¿qué transbordos hay que evitar? Porque aunque en el mapa parece que es factible hacer transbordos entre líneas, luego resulta que tienes que atravesar auténticos laberintos para cambiar. Y por mucho que lo intentara evitar, me acabó tocando transbordar en Oxford Circus, para conseguir llegar a la Central Line, que es la que te lleva directo a Holland Park.
El transbordar en Oxford Circus entre Victoria y Bakerloo lines es una cosa maravillosa. Sales de un andén, cruzas el pasillo y apareces en el andén de la otra línea. Si quieres ir en otra dirección, ya tienes que subir escaleras y cambiar. Pero no es la odisea que es cambiar entre Central Line y Victoria o Bakerloo. Eso sí que es un recorrido digno de Indianas Jones. Pasillos que primero suben, luego bajan, giran, ahora una escalera, luego más pasillos, un giro fuerte… y todo con la gente empanada y mirando a las musarañas. Como si estuvieran de paseo por las Ramblas.
En fin, que conseguí llegar a tiempo pese a los obstáculos que Transport For London me ponía. Y pensé que eso era todo, pero no. El resto de la semana, igual o peor.
A mitad de semana la lavadora decidió tomarse un descanso. El Horror. Tener una lavadora funcional debería ser un derecho humano fundamental. Menos mal que el cesto de la ropa sucia está(ba) en los mínimos, si no, no sé qué haría. Pero como la tía vaga no quiso ni acabar el lavado, se dejó el agua dentro del tambor (y ahí sigue, pese a mis intentos de reanimación y reseteo varios), y me tocó sacar la ropa chorreando y tenderla de una forma improvisada sobre la bañera. Hay que decir que este tendedero no es de los que se ponen sobre la bañera, así que me pasé todo el tiempo con los dedos cruzados para que no se desmontara el invento.
Al día siguiente llamo al servicio técnico y me ofrecen venir a arreglarlo el viernes, pero respondo que no, porque tengo una cita con la higienista dental, y no sabían especificarme si el mecánico vendría por la mañana o por la tarde. Sin embargo, la semana que viene sí me podía concretar más. Le digo que el lunes, y tan feliz.
El jueves, después de comer, estaba en mis cosas, cuando veo que el móvil parpadea. Pura casualidad que me diera cuenta, porque normalmente no tengo el móvil a la vista. Lo miro, y era una alarma que me había puesto para recordarme que tenía higienista. El jueves. ¿QUÉ?
, me pregunto. De repente, me doy cuenta de que la cita era el jueves, no el viernes. Y que faltaban 15 minutos. HIS-TE-RIA.
Llamo a la clínica y le cuento mi increíble caso: Hola, que me acabo de dar cuenta de que tengo una cita con vosotros en 15 minutos. ¿Qué hago?
. La recepcionista, obviamente, se queda callada un momento, flipando. ¿Estaría preguntándose si era una broma pesada? Pero más profesional que nadie, me pregunta que cuánto tardaría. Le digo que unos 20 minutos… optimista de mí. Y me dice que vaya, si total llegaré solo cinco minutos tarde…
Aquello parecía un Run For Your Life Marathon o algo así. Qué manera de echar el hígado. Corriendo al metro, por la calle, esquivando a los que siguen aún como en las Ramblas, bajando las escaleras corriendo e ignorando el “Walk, don’t run” que muy juiciosamente aconsejan, etc, etc. Unos minutos de respiro mientras transbordo a la siguiente línea y cuando llego a mi parada final… ¡sigue la carrera! Subiendo las escaleras mecánicas por la izquierda, y sin detenerse, y finalmente acabé corriendo cuesta abajo hasta llegar a la clínica. Y llegué y me pasaba 15 minutos de mi cita. Menos mal que era una visita de rutina, y en esos 15 minutos que tenía disponibles pudo comprobar que todo andaba bien (así era). De hecho, le dio tiempo incluso para bromear: ¿Ves? Aquí no sólo nos preocupamos de tu salud dental… ¡también nos aseguramos de que estés en forma! ¡Es el tratamiento total!
.
Hoy afortunadamente no ha pasado nada digno de mención, aparte de que sigo lamentándome y pensando que quizá podría tener ya la lavadora arreglada si hubiera prestado más atención a la agenda. Pero bueno, martirios mentales aparte, he podido resolver varios asuntos que tenía ganas ya de finiquitar y he estado ordenando el piso para mañana, que vienen ¡otra vez! invitados. Al final colgaré un cartel de neón en la puerta, que ponga Hotel
o algo así…
Related posts:
