Conversaciones espontáneas (II)

Mis anécdotas sobre espontáneos no se acaban con una sola entrega. Por alguna razón que desconozco –¿quizá tengo una cara amigable?– tengo muchas más. Así que aquí van unas cuantas que me dejé en el tintero la otra vez.

Un día estaba en un café Nero, trabajando con el portátil. Estaba escribiendo a toda paleta para sacar el máximo partido de la batería y, como dicen por aquí, minding my own business (o sea, pensando en lo mío, sin hacer caso a otras cosas), cuando de repente noto una mirada que se posaba sobre mis manos. Me giro y veo a un hombre con gafas y perilla, observando fijamente mi teclado y mis manos. Se dio cuenta –quizá porque dejé de teclear– y me mira a la cara y pregunta:

– ¿Dónde has aprendido a teclear tan rápido?

– Pues… tecleando.

– ¿No has ido a ningún curso ni nada?

– No, no, sólo tecleando. Mucho.

– Pues es increíble. Yo… soy periodista, y también escribo sin mirar el teclado… ¡pero no tan rápido, desde luego!

No supe qué más responderle. Le sonreí tontamente, y continué con lo mío, antes de que me quedara sin batería.

En otra ocasión iba en tren con un compañero de la facultad, con el que coincidí casualmente en el tren. Así que estábamos comentando temas de estudios, y sobre todo, de las actividades que íbamos a realizar y organizar cuando llegara la semana cultural de la facultad. A quién íbamos a traer para que diera unas charlas, las películas que pasaríamos con motivo de la ocasión, actividades y exposiciones que tendríamos en la entrada… en fin, todo el tinglado, que fue bastante gordo aquel año. Y al llegar a uno de los pueblos, se levanta una señora que había sentada en nuestro grupo de cuatro asientos, y dirigiéndose hacia mí, dice:

– ¡Oye! ¡Qué espabilamiento! Muy bien, muy bien. Os va a salir todo muy bien. ¡Con lo espabilados que sois!

Me dio dos golpecitos en el hombro, como corroborando su vaticinio, y se fue. No sé si era visionaria, pero lo cierto es que nos salió a pedir de boca aquella semana.

La última conversación que recuerdo ocurrió no hace mucho, aquí en Londres. Se me ocurrió ir a Notting Hill, a Music, Books and Video Exchange –la tienda de libros de segunda mano que hay cerca de la estación de metro, a ver si tenían algo que me hiciera tilín. Así que estaba yo allí inspeccionando minuciosamente todas y cada una de las estanterías (y de los libros que contenían, ¡claro!), cuando se me ocurrió que quizá podrían tener libros sobre técnicas de escritura, así que volví a mirar las estanterías que ya había mirado, pero con mas ahínco esta vez. Llegué incluso a aventurarme en el sótano, un auténtico “Rastro” de libros a 50 peniques, pero había tanto libro que al final me salí de la tienda sin llevarme nada.

Decidí dar una vueltecita por la zona a ver qué habían cambiado desde la última vez que estuve allí, y para que se me pasara el “mareo” de ver tanto libro, antes de volver a casa. Me fui hasta el final de la zona de la “Gate” y emprendí de nuevo el camino de vuelta. Pero pasé por delante de otra tienda de libros que está en una esquina y que había visto muchas veces, pero en la cual nunca había entrado. Y me dije: “¡de hoy, no pasa!”.

Entré, y como ya sabía lo que me hacía ilu, me dediqué a buscar concretamente aquello. En eso estaba, cuando de repente oigo una voz detrás mío:

– ¿Qué? ¿Es posible que no hayas encontrado nada que te gustara en la tienda de antes?

Yo me giro, con expresión de sorpresa:

– ¿Perdón?

– Sí, estabas en la librería, antes…

Entonces recordé que aquel hombre me había dejado pasar (digamos que la otra tienda ancha no es) cuando emprendí la segunda inspección.

– ¡Ah! ¡Sí, sí! No, es que creo que es difícil que tengan lo que yo buscaba… ficción vale, pero esto…

– Que… ¿qué es, si se puede saber?

– Técnicas de escritura.

– ¡Ah, mira! Aquí en esta sección hay gramáticas y diccionarios…– dice, señalando a un cubículo de la librería donde estábamos.

– Uhm… la gramática y yo creo que nos entendemos perfectamente. Lo que yo busco son otro tipo de técnicas, más aplicadas, ¿sabes?

– Mira, creo que ya sé a dónde podrías ir…

Me imaginé que iba a decir Foyles. Lo visualicé diciéndolo, segundos antes de que lo dijera.

– … ¿Sabes? Por Charing Cross Road hay una tienda, ¡muy grande, muy grande!

– Sí, sí, sé.

– … se llama Foyles y seguro que allí tienen lo que estás buscando.

– Seguro que sí. Ya conozco esa tienda, pero había venido aquí a ver qué encontraba…

– Ahh, entiendo, entiendo.

– Bueno, muchas gracias igualmente, ¿eh?

Y hasta aquí las conversaciones espontáneas que puedo contarles por ahora. ¿Habrá una tercera entrega? Probablemente. Conociéndome…

Related posts:

  1. Conversaciones espontáneas
  2. Los españoles y Harrods
  3. Abbey es ahora Santander
  4. Un día de furia (a la española)
  5. Libros en el móvil
This entry was posted in Vida cotidiana and tagged , , , , , , , , . Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>