Imaginen: sábado por la tarde en la confluencia de Regent Street y Oxford Street. Lo llamado también Oxford Circus. ¡O el infierno de masas! La razón por la cual nos aventuramos en aquel complicado entuerto fue porque unos amigos habían venido a Londres y les hacía gracia ver el nuevo cruce en diagonal “estilo Tokyo” que se había inaugurado recientemente en Oxford Circus.
En eso que estábamos observando el comportamiento de los peatones que, temerosos, se lanzaban a cruzar campo a través, cuando de repente escucho por detrás mío:
– Thank you!
Me pregunté si le habría dado un pisotón a alguien, pero era imposible, ¡porque no me había movido del sitio! Así que me giré y cuando vi a una señora con toda la pinta de española mirándome con gran interés a la cara, y dada aquella introducción espectacularmente confusa, le contesté:
– ¿Sí?
Me mira, tartamudea y al final se aclara:
– ¡Ah! ¿Pero hablas español? ¿Cómo sabes que yo…?
A veces es mejor callar y dejar que la gente viva feliz.
– Es que hay tantos españoles a estas horas aquí…
– ¡Ah, jajaja! Sí. ¿Me podrías decir si esto es el Soho?
– No, el Soho es ahí detrás –señalando hacia donde está.
– Entonces, ¿esto qué es? ¿Es algo de lo de esta hoja?
Me enseñó la carpeta que llevaba, un portafolios con hojas impresas. Diría que era la Wikitravel o algo parecido, con cosas marcadas con fosforente amarillo y anotaciones al margen y todo. Lo miré pero desde luego no había mención alguna a Oxford Circus ni Street en ninguna parte.
– Erm… no, esto es Oxford Street.
– ¿Cómo se escribe eso? –me pregunta, boli BIC en mano.
– Pues… Oxford… ¿Street?
– ¿Strid?
– S – T – R -…
– ¡Ya sé! ¡Strit!
– ¡No! S – T – R – E – E – T
– ¿Con dos e’s?
– ¡Sí!
Santo cielo, qué paciencia. A todo esto, los amigos estaban alucinados. No entendían a qué venía aquella conversación con la señora, así, de repente. ¡Pensaban que me estaba haciendo una encuesta!
En cuanto pude me desembaracé de ella, que estaba ya tratando de establecer conversación casual, así como quien no quiere la cosa, y me preguntaron. Cuando les expliqué que el saludo de la señora consistía en Thank you!, entendieron perfectamente lo perdida que iba y que hubiera tenido esa paciencia para semiguiarla.
La otra confusión super divertida ocurrió en el restaurante a donde fuimos a cenar (pondría el nombre pero es que nunca recuerdo cómo se llama, me lo apuntaré y haré una crítica apropiada otro día). A estos chavales pasear les abre el apetito un horror, así que estaban hambrientos e impacientes. No bien habían pedido los platos, pensaron que un aperitivo era una idea excelente. Así que uno de ellos llama a la camarera que nos había tomado nota, y le pide:
– Can we have five rolls, to share?
La camarera le mira con expresión extraña, pero asiente igualmente. Al momento, vuelve con cinco cuencos vacíos, que distribuye entre los comensales. No entendíamos mucho (especialmente yo, que ya había visto cómo servían los rollitos de primavera en ese restaurante, y no me sonaba que los pusieran en cuencos), pero esperamos pacientemente a que nos trajeran los rollitos.
Antes que los rollitos, vinieron los platos que habíamos pedido, y sorprendidos con la presentación, se les olvidó lo otro que había pedido. Pero cuando ya casi estábamos acabando, la camarera volvió y recogió los cuencos, que seguían tan vacíos como al principio. Entonces nos acordamos de que habíamos pedido rollitos, y le pregunta el mismo chico:
– Excuse me, we asked for five rolls…
– Yes? You asked for five bowls, to share…
– Oh, never mind. It’s fine.
Ojo a la tremenda pero estupenda confusión: nos trajo cinco bowls (cuencos) en lugar de cinco rolls (rollitos). Y ahí está la clara muestra de que hay que pronunciar bien y hacerse entender. También es cierto que si hubiera pedido Spring Rolls habría sido más difícil que se produjera confusión alguna, pero nos habríamos perdido este gran momentazo. Y nos dejó preguntándonos: ¿y si hubiera entendido cinco cerdos abiertos en canal, los habría traído también, por ejemplo?
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