Estos últimos días la gran noticia que persiste en el ambiente es la nieve. Más concretamente es la especulación acerca de la nieve. Que si caerá hoy, mañana, pasado… Una, dos, tres, cuatro pulgadas… Pero pese a todos los pronósticos de la BBC, hoy no han caído las cuatro pulgadas que decía que caerían en Central London. Lo más que está haciendo ahora es caer cuatro copichuelos despistados.
So much for global warming, que dicen los escépticos, pero en los cinco años que llevo aquí, éste es el primero en que cae nieve –aunque no cuaje– en Diciembre. Normalmente, el tiempo siempre se esperaba a Febrero para soltar una capita así de despedida del invierno. Y ya el año pasado cayó una señora capa, en Febrero, por supuesto, pero aguanta la que cayó, que cancelaron los servicios de autobuses y todo por si patinaban. Las cafeterías cerradas porque no les habían traído el suministro diario, los supermercados atestados de gente comprando como si fuera el fin del mundo, etc, etc.
Y es que por alguna razón, en cuanto las condiciones atmosféricas se salen un poco más de lo normal, el transporte público se despachurra aquí. Se lo comentaba a una amiga esta semana: si en cuanto hay unas hojarascas otoñales sobre las vías, los trenes no pueden ir demasiado rápido –no sea que descarrilen–, en cuanto nieva una cosa mínima, ya es el apocalipsis. Eso es el odio, que algunos aprovechan para sacar del armario la clásica enemistad con Escocia y crear titulares que apelan a la visceridad de los pocos ingleses de pro que quedan en el país. Como por ejemplo: Why doesn’t Scotland grind to a halt when it snows? Con menciones solapadas a que el norte es mejor que el sur, etc, etc.
Pero por otro lado, ¡Londres es tan bonita nevada! Fascina a todos por igual, tanto a los turistas como a los que vivimos aquí. Todos nos quedamos embobados mirando los parajes usuales cubiertos con ese azucarillo blanco, tan goloso para la cámara (fotográfica), que se pone las botas en esas ocasiones… eso es el amor.
Miren si fascina el asunto de la nieve, que una de las principales atracciones que entretiene al gran público en los días previos a Navidad es el tema de las apuestas sobre si serán unas Navidades blancas o no. Los periódicos (y medios de comunicación en general) no se cansan de insertar breves menciones al estado actual de las apuestas respecto a la precipitación de nieve, al final de las noticias sobre el tiempo. Que si en tal casa de apuestas van 30/100 en contra, en tal otra 50/50 indecisos…
Mientras tanto, aquí seguimos mirando por la ventana, a ver si se cumplen esos estremecedores pronósticos o no…
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