
Sin pensarlo ni beberlo, ayer acabamos yendo a ver “Where the wild things are“, una extraña película que me pilló totalmente desprevenido. Al parecer la promocionaban como una peli para niños, pero tenía un no-se-qué que me tenía intranquilo durante toda la película.
No sé si eran los personajes, el argumento, la escenografía, pero todo tenía un punto de tensión que le hacía a uno sufrir con la incertidumbre de si iba a pasar algo horrible de un momento a otro o no. ¿Están hechas de eso las buenas películas? Pues no lo sé. Lo que sí sé es que las películas que me gustan no son como ésta; no creo que la vuelva a ver. Demasiadas segundas lecturas, dobles sentidos, frases entre líneas y rollos varios, y los monstruos me resultaban físicamente bastante repugnantes.
Quizá esta sensación de inquietud y disgusto se vio aumentada porque vimos la peli en el Cineworld de King’s Road, alias “La nevera de Chelsea”. Los últimos minutos de la película los alterné entre desear que acabara para acabar con la intriga, y desear que acabara para poder salir corriendo y acabar con el frío. Como anécdota, incluso la taquillera nos dijo que estaba heladísima. Es bastante curioso, porque la otra vez que vinimos a este cine –un delicioso día caluroso, en pleno verano– también nos quedamos helados, en la mismísima sala 1. ¿Coincidencia? ¿Tendremos que escribir una carta a dirección para que le meta caña a las estufas?
Related posts:

Pingback: Doctor Zhivago at curiouslikeacat