Hace una semana que volvimos y que llevo pensando en escribir algo aquí. O mejor dicho, llevo una semana divagando sobre qué podría postear. Podría escribir sobre las películas que vimos estando en España, pero no me gusta escribir sobre una película si no la tengo fresca. Lo más que podría decir es que vimos Spanish Movie, que no estaba mal (aunque no creo que mucha gente fuera de España le pillara la gracia), Planet 51 (un bodrio bonito, pero… ¿qué esperar con cuatro directores?), y In The Loop (divertida y blasfema a partes iguales). Esta última la vimos en versión original subtitulada en español, y fue “lo peor”. Los subtítulos se comían la mitad de la pantalla y tenías que hacer un gran esfuerzo para no leerlos. No sólo porque sí que entendíamos el diálogo sin necesidad de subtítulos, sino porque además decían cosas diferentes. Fue duro, duro. Nos prometimos no volver a ver una película subtitulada en España.
La vuelta también fue súperdivertida: ¡nos cancelaron el vuelo por malas condiciones del tiempo otra vez! O sea: por lo mismo que a la ida. Suerte que esta vez, la compañía fue rápida en anunciarlo, y pudimos enterarnos de la cancelación antes de ir al aeropuerto. Lástima que ya habíamos hecho el Tetris habitual para meter las cosas en las maletas, en vano. Afortunadamente, esta vez sólo nos tuvimos que esperar dos días para poder volar (la otra vez fueron unos 4 ó 5; ya ni me acuerdo).
Lo mejor fue que nos esperábamos encontrar centímetros y centímetros de nieve a la puerta de casa, dado el alarmismo generalizado en todos los malditos medios de (in)comunicación y lo que habían visto nuestros ojos al aterrizar en un Gatwick cubiertito de nieve por doquier. Bueno, pues no. Al salir de Victoria, el único fenómeno metereológico que pudimos admirar fue una sutil niebla que ni siquiera podría pasar por Big Smoke, y una tirilla de nieve acumulada en un pequeño recoveco, así como por equivocación. O sea, una birria.
Los siguientes días hizo bastante frío, pero no los menos diez y menos veinte que advertían en todas partes y más. Cayó una nevadilla (Light snow, que dicen en la BBC) y para de contar. Obviamente llegamos cuando ya había pasado lo bueno, porque el viernes me di una vuelta por St. James’s Park y el lago central estaba helado en un 60 o 70% de su superficie todavía. Así que sí, han sido condiciones extremas –en comparación con lo habitual– pero no tan extremas como nos habían pintado. ¿O es que han preferido optar por la cautela? (buf, iba a escribir ¿han preferido errar en el lado de la cautela? cuando me he dado cuenta de que estaba traduciendo involuntariamente de err on the side of caution).
Personalmente imagino/vaticino que aún falta la nevadita tradicional de Febrero, para poco después despedir el invierno y comenzar la primavera, así sin que nadie se lo espere. A ver si este año tiene narices de caer más fuerte que la del año pasado y batimos algún record en Central London. O aunque simplemente sea para que dure más tiempo en modo nieve y menos en modo fango helado repleto de charcos.
Como todos los principios de año, me he hecho algún buen propósito, y uno de ellos es escribir más en el blog. Por supuesto, como todo buen propósito, la probabilidad de que se ponga en práctica es inversamente proporcional a los días transcurridos desde el 1 de enero, pero intentaré luchar en contra de dicho enunciado
¡Veremos qué pasa!
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