
El sábado, al igual que el viernes pasado, se levantó un día de lo más primaveral; pero primaveral como un español entendería la primavera. Creo que aquí estaban a dos pasos de declararlo una ola de calor incipiente
En fin, que decidí que era un momento ideal para ir a visitar uno de esos lugares que tenía en la lista de sitios no visitados: el cementerio de Brompton, o Brompton Cemetery, como es más conocido habitualmente.
El cementerio está a un ratillo paseando desde Sloane Square. Yo llegué caminando todo King’s Road hasta el final –mientras me empapaba del pijerío que desbordaba las calles, aprovechando el solecito–, luego a la derecha, y más abajo por Fulham Road, hasta encontrar el cementerio, también en la acera derecha según se baja. Es un paseo agradable, sobre todo en un día tan espléndido como el del sábado, con muchos escaparates que mirar, gente guapa, edificios bonitos y todo muy nice, así en general.
Había oído hablar de los cementerios de Londres, pero no había visitado ninguno aún. Así que llegué con un buen hatajo de preconcepciones –erróneas–. Pensaba que me encontraría con cuestas, recovecos insospechados, patios y más patios con nichos –al estilo español–, pero lo cierto es que no podía ser más simple: planta aproximadamente rectangular, dividido en parcelas mediante avenidas y caminos. Y una capillita-nave central bajo de la cual están las catacumbas.
El lugar estaba tranquilísimo. Sí, era un cementerio, pero en Londres –y con la abundancia de gente, a grosso modo, y de turistas que hay, más concretamente– nunca puede uno confiar en que los lugares sagrados sean respetados. Y si no, miren el jaleo que hay habitualmente en los jardines de Westminster Abbey. En fin, que lo único que se oían era el piar de los pájaros. Si no fuera porque se veían de lejos algunos edificios altos, podríamos hasta creer que estamos en el cementerio de alguna villa perdida en el interior de Inglaterra. Si no fuera por los edificios… y por las personalidades que hay enterradas allí, claro está.
Personalidades cuya mayoría desconozco (aquí está la lista, por si quieren poner a prueba sus conocimientos de historia decimonónica), pero entre los cuales están por ejemplo el primer presidente y el fundador del Chelsea FC, el fundador de Nigeria, una de las más importantes sufragistas y etc etc. Menos mal que no leí acerca de los inquilinos antes de visitar el cementerio o me habría sentido de lo más acogotado allí.

Y es que al ser un cementerio tan, tan antiguo, más de una lápida estaba quebrada, más de una cruz partida y hecha añicos en el suelo; las inscripciones, borradas por el paso del tiempo o devoradas por la hiedra. Según me adentraba en las avenidas, más inquietud me producía todo aquello.
El culmen era cuando veía lápidas a las que le faltaban pedazos (¿se volaron con un huracán? ¿las asaltaron y ya no quedan herederos que cuiden del descanso eterno de sus predecesores?) y tenían el (vacío) interior a la vista, según el ángulo que adoptara. Por supuesto, la curiosidad no tiene límite alguno, y me obligaba a adoptar un ángulo que me permitiera ver qué había por aquellos fosos –nada–. Pero no podía alejar de mi mente ciertas imágenes macabras, dignas de cualquier obra de Lovecraft: manos huesudas surgiendo por entre los pedazos de la losa, un cielo que se nubla de repente y una tormenta que descarga rayos y truenos sobre los esqueletos de los árboles, que se dibujan, trágicos, entre la niebla –que se ha levantado también sin avisar–…
Ya ven cómo estaba yo de sugestionado. Aún no me explico cómo no tuve ninguna pesadilla tenebrosa aquel día. En especial después de ver a un grupo de amigos sentados en un banco –y alrededor– y en concreto al amigo que, no contento con sentarse en la avenida ni en el banco, decidió tumbarse en el césped, a la sombra de una lápida. El mal rollo alcanzó niveles máximos: tomé el camino de salida antes de imaginarme más posesiones y apariciones fantasmales a plena luz del día.
En la salida, me paré a mirar unos carteles informativos que había ignorado vilmente al entrar (puesto que la salida… ¡también era la entrada!), y que informaban de que la reciente película sobre Sherlock Holmes había sido rodada en ese mismo cementerio. Así que la he añadido a la lista de películas rodadas en Londres
Así que… si quieren probar a sugestionarse, ya saben a dónde tienen que ir:
Brompton Cemetery
Finborough Road o Fulham Road o Old Brompton Road (varias entradas)
SW10
Paradas de metro cercanas: West Brompton, Earl’s Court, Fulham Broadway, Imperial Wharf, Sloane Square… depende de cuál les vaya mejor y cuánto quieran caminar
Más información:
- Página en Wikipedia
- Brompton en Dark Destiny (una página dedicada a … fotografías de cementerios. ¡Ha de haber de todo!). Con muchas fotos.
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