
Como les comenté cuando les hablé del proyecto Gutenberg, el primer libro que me leí en el móvil fue Don Quijote de La Mancha. ¡Y aquí vengo para poner en su justo lugar a un libro estupendo!
Para la mayor parte de la gente, El Quijote pertenece al aburrido mundo de las clases de Literatura, donde hay que leerse tres o cuatro capítulos y redactar a continuación un resumen o crítica literaria, copiando mucho texto de otros sitios para que parezca que “es mejor” y conseguir “buena nota”. Es evidente que así es imposible apreciar la obra en su justa medida, y la acaban clasificando como “aburrida” y apartándola en un cajón mental por el resto de sus días.
Existen muchos tratados e investigaciones acerca de las cualidades técnicas o literarias del Quijote, en los cuales ni entro ni salgo. Quiero hablar de este libro como lector de a pie, y destacar que aunque han pasado más de 400 años desde que se publicó por primera vez, se mantiene tremendamente fresco. ¡Es una obra divertida!
¿Divertida?, supongo que se están preguntando. Quizá a ustedes también les tocó leer algunos capítulos sueltos para la clase de Literatura, y sin un contexto en el que situar los personajes, no supieron qué pensar ni qué entender, concluyendo que era un rollazo insoportable. Pues bien, sorpréndanse: es un libro muy entretenido, capaz de arrancar incluso carcajadas.
Quizá pueden resultar pesados –o simplemente confusos– algunos modismos del lenguaje que han caído en desuso, pero cuando ya se llevan leídos unos cuantos capítulos, ni se notan ya, e incluso parecen poco arcaicos –sobre todo si tenemos en cuenta la edad de la obra–. Hay otros libros más recientes que suenan pasados de moda a los seis meses de su publicación…
Cervantes tiene la habilidad de hacer que los lectores lleguen a preguntarse incluso si Sancho no está enloqueciendo como el Quijote, para lo cual primero ha tenido que convencerlos de que Quijote está loco, muy efectivamente por cierto, haciéndolo hablar de una forma arcaica y cargada de lírica en contraste con el tosco lenguaje de Sancho. Mientras tanto, utiliza recursos modernos como los flashbacks y las historias dentro de otras historias, con líneas argumentales paralelas que acaban cruzándose de una manera sorprendente pero en cierto modo esperable, como si el narrador, bondadoso, amara a sus propios personajes.
Acaba el libro de una manera quizá demasiado rápida; me hace preguntarme si es por la bisoñez de la técnica –al fin y al cabo, era la primera novela, ¿no?– o si es porque se reservaba para un posible siguiente volumen. Pero permítanme insistir: para tener 400 años, se mantiene muy fresco, y me quedo corto con los elogios.
Así que háganme (y háganse) un favor: léanlo. Admírenlo, disfrútenlo, ríanse y duden con Don Alonso Quijano y Sancho Panza.
Por mi parte, aún no me he leído la segunda parte. Bueno, de hecho, creo que la leí para uno de esos nefastos “trabajos” de clase de Literatura, aunque no recuerdo nada, así que es como si no la hubiera leído. Ya les contaré. También me haría gracia volver a leer Rinconete y Cortadillo, que lo leímos en Literatura, pero como si no. Todo a su tiempo…
Más información:
- Don Quijote de La Mancha en Gutenberg
- Don Quijote de La Mancha en Wikisource (el libro, en la web)
- Don Quijote en la Wikipedia
Y millones de páginas, libros, tesis y estudios varios más, pero lo importante es que lean el libro. Lo demás es darle vueltas…
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