
De alguna forma extraña, anoche acabamos cenando en Albion, una cafetería por ahí por Shoreditch. Lo curioso es que la que propuso ir allí fue una francesa, y sabiendo de dónde viene lo de “Pérfida Albión”:
Pérfida Albión es una expresión utilizada para referirse al Reino Unido en términos anglófobos u hostiles. Fue acuñada por el poeta y diplomático francés de origen español Augustin Louis Marie de Ximénèz (1726-1817) en su poema L´ere des Français (publicado en 1793), en el que animaba a atacar a “la pérfida Albión” en sus propias aguas:
Attaquons dans ses eaux la perfide Albion
… pues queda como raro que una francesita nos proponga una visita a un sitio tan británico.
Como todas las cosas cool por esa zona, no se sabe muy bien qué es. Es una cafetería, pero también es una tienda-panadería que en la puerta tiene una especie de expositores con calabacines y otras verduras gigantes exhibiéndose obscenamente para llamar la atención.
Entramos por la misma panadería, y lo que ví no me gustó. ¡Me encantó! Una serie de panes dispuestos de una forma meticulosa, con etiquetitas de cartón, escritas a mano, detallando qué era qué (Sourdough bread, flat bread, bloomers, blabla), unas estanterías estupendas repletas de botecitos con productos y conservas que imagino deliciosos (mermeladas, aceites purísimos y virginales…); pasteles, pastelitos y madalenas de estas híperazucaradas (las cupcakes, con su cubierta de azúcar on steroids desbordando por los 360 grados). Y todo así muy casual-rustic. O sea, de madera, pero nuevo.
Atravesamos la tienda y llegamos a la parte de la cafetería; una sala alargada desde la cual se puede ver la cocina, que no está oculta con muretes ni nada. En la parte central había unas cuantas mesas grandes, para ocho comensales (qué imponente queda esta palabra cuando hablas de cafeterías), y en la parte de los amplios ventanales (¡qué bien se ha de estar ahí cuando es de día!), mesas más pequeñas e íntimas. Sobre todo íntimas, porque con el jaleo que había, tenías que acercarte notablemente a tu interlocutor para que éste pudiera escuchar lo que tratabas de hacerle llegar. En fin, que había un ambientillo de lo más animado.
Los camareros eran muy amables y simpáticos, bromeando todo el rato y con gracia, y sobre todo, extremadamente pacientes para tomarnos nota a todos los de la mesa. Y esto no fue tarea menor, puesto que uno no lo tenía claro, el otro se lo estaba pensando, aquel que llega tarde, fulanito que se va al cuarto de baño y ahora vuelve… pues entre unas cosas y otras estuvimos un cuarto de hora para pedir. No tardaron en traer la comida, pero antes nos sirvieron unas rebanadas variadas de pan en un contenedor metálico rectangular –como el de la foto– y un taco de mantequilla ligeramente salada, pero en su punto, para que fuéramos abriendo boca y/o apetito.
¿Y qué decir de la comida? Psé. Me pedí un toad-in-the-hole, que viene a ser una especie de torta cuadrada de hojaldre con unas salchichas incrustadas encima de la misma torta. Pero lo que me apareció fue un contenedor elíptico con una finísima capa de torta escondida bajo dos salchichas enormes e inundada con gravvy (el caldo inglés, más espeso que el habitual caldo español). No es que estuviera malo, pero es que aquello estaba descompensado. Por otro lado, nos dieron unos tenedores de púas gordas y espaciadas (que hasta donde yo sabía, son tenedores de pescado, pero a lo mejor estoy equivocada), por en medio de las cuales se escapaban los trocitos de torta que trataba de capturar con dificultad, debido a la curva que describía el elíptico recipiente y lo hondo del mismo. Al final acabé utilizando el cuchillo como paleta, porque si no, imposible.
Algunos se pidieron un Cottage pie, que es una especie de pastel de carne picada y una capa de puré de patata por encima. Probé un poco de ese plato y me gustó más que el mío. Algunos se pidieron el fish and chips, y no tenía una gran pinta*. Así que supongo que dependiendo de lo que pidas, la opinión sobre la comida será variable. En cuanto a extras, los platos no llevaban guarnición alguna. Por £9.25, me esperaría un poco más que unas salchichas flotando sobre un lecho de hojaldre y caldo. Y la lemonade que me pedí no era mucho más que agua azucarada y gasificada con extractos de limón, envasada en una vulgar lata: ni punto de comparación con otras lemonades orgánicas que te vienen con su botellita de cristal con tapón que se vuelve a cerrar, y saben realmente a lemonade, con un ligero atisbo de gas, producido por la fermentación de los azúcares en la limonada.
El veredicto:
No volvería a ir a cenar allí. Quizá me pasaría a la hora de comer, o para tomar un café/té y una porción de sus pasteles.
Si os atrevéis, está aquí:
2-4 Boundary street
E2 7DD London
Cerquita de la parada de metro de Old Street.
* Un fish and chips auténtico no te lo comes en una cafetería cool. Te lo comes en un sitio que huele a pescado y aceite de fritanga, con tipos rudos y gente del barrio a tu alrededor. O sentado al borde de la playa. El tíovivo renqueante con música de xilofón es opcional.
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