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Bluecoat School

Empezamos la serie con este pequeño edificio, rodeado de mamotretos setenteros feos de narices.
La Bluecoat School (o Blewcoat, como se ve escrito en algunos sitios) fue fundada principalmente en respuesta a las iniciativas de los jesuitas (católicos) que estaban proporcionando educación gratuita a los niños pobres en el siglo XVII, pero —se decía– se aprovechaban de ello para ejercer el proselitismo. O en otras palabras, que le lavaban el cerebro a los niños, inculcándoles valores católicos… ¡el horror!
Un par de pubs por Victoria: The Warwick y The Prince of Wales
Quedamos con un amigo para tomar algo en Victoria, que era un punto-intersección entre sus dominios y los nuestros, y así de paso visitar nuevos pubs. Como los de la zona inmediatamente al salir de Victoria ya nos los conocemos y medio aborrecemos (hay pocas cosas tan pestilentes como el cuarto de baño del Shakespeare, enfrente de la estación de tren), decidimos tirar hacia Wilton Road, esa gran desconocida.
Para la mayor parte de la gente, Wilton Road es de donde vienen los autobuses que esperan en Victoria, y nunca en la vida llegarán a poner el pie en esa calle. Pero nosotros nos atrevimos, ¡y aquí están los resultados!
El primer pub que probamos fue el The Warwick, en Warwick Way. Parece ser que lo han reformado; lo que antes era un lugar oscuro y añejo, repleto de habituales día sí y día también, se ha visto convertido en una especie de gastropub chic, muy diáfano y luminoso. Olor a madera nueva y obra reciente, nada más entrar. Con las connotaciones que ello implica: todo eso se paga. Para muestra, un botón: un plato minúsculo de “ensalada” con queso de cabra fundido (goat cheese) salía por casi siete libras. Pero mientras en otros pubs el plato lleva cuatro rebanadas de pan caramelizado con miel, con sus respectivas rodajas de queso, aquí sirvieron la cuarta parte con una miseria de hojitas de lechuga esmirriadas. Eso sí, todo con parafernalia: poner los cubiertos en la mesa, la servilleta… El servicio es sofocante. Tratan de indicarte en qué mesa te puedes sentar, no dejan de danzar a tu alrededor tratando de llevarse el vaso cuanto antes (¿qué pasa, que no tienen más?), preguntando si está todo correcto, si quieres algo más… Por supuesto, toda esta atención se debía a que no había ni un alma en el pub –aparte de nosotros, y ellos, claro– así que debían estar más aburridos que una ostra.
Como no nos gustó tanto rollo y tanta pamplina, nos fuimos a otro pub, en un estilo totalmente diferente: The Prince of Wales. Éste esta en la misma Wilton Road, en una esquina con una callecita residencial y sin tienda alguna. Es minúsculo y estaba a parir de gente, así que nos sentamos fuera, en uno de los tradicionales bancos de pubs que tiene en la callecita. Esto ya era otra cosa, estábamos tranquilos y poniéndonos al día de nuestros asuntos respectivos –además hacía buen tiempo, así que se estaba perfecto allí fuera–, y no había camareros incordiando como moscones. Lamentablemente, lo que sí que había era gente pidiendo dinero, aunque para ser exactos, vinieron menos veces a pedirnos dinero que los camareros del otro pub a darnos la tabarra. Lo gracioso es que cada vez que entrábamos dentro (para ir al baño, para pedir otra cerveza…) acabábamos entablando conversación con cualquier persona. Estar dentro te daba ganas de hablar, se ve.
Veredicto: The Warwick es desaconsejable. The Prince of Wales no está mal, aunque no es tan barato como los pubs de Sam Smith. Pero si están por la zona, es mucho mejor y más auténtico que ninguno de los tourist traps que hay cerquita de Victoria. ¡Y los cuartos de baño están limpios!
Prince Albert (Camden)

(foto por el dueño del pub, garrapiñada sin complejos de alguna web de por ahí)
Ayer quedamos con unos amigos que viven por Camden, y nos llevaron a este pub que yo no conocía. ¡Excelente!
, me dije, una review más para mi blog
El camino más fácil para llegar al pub (aunque no el más corto): salen de Camden Town (la estación de metro), giran a la izquierda por Camden Road y cuando lleguen a Royal College Street, giran a la derecha, hasta encontrar el pub. Por alguna razón, este trayecto me recordó a esas escenas de películas en las que los protagonistas caminan durante horas por caminos pedregosos en la oscuridad y finalmente llegan a una posada, con las ventanas iluminadas en la noche cerrada. No es que las calles estuvieran sin asfaltar, pero como casi toda la calle antes de llegar al pub es tirando a oscura y discreta, pues me dió esa impresión
Al entrar el ambiente estaba bastante calmado y se podía hablar sin dar gritos. Tras resolver el extraño misterio de la reserva que no constaba en su ordenador, nos sentamos en una mesa cualquiera, aunque no estuviera reservada. Este estilo de rollo con la reserva desaparecida, teniendo mesas libres, se repitió luego, como comentaré.
Nos dieron la carta, nos preguntaron qué queríamos beber, nos lo trajeron al ratito, y luego estuvieron un buen rato hasta tomarnos nota. Y entonces estuvieron un bueeeeeen rato hasta traer la cena, con un pequeño intermedio en el que trajeron cinco rebanaditas de pan con una tarrina de mantequilla para picar, estilo Albion. Cada vez que veía salir a los camareros de bajo de la escalera con bandejas me hacía ilusiones, pero aún no era nuestro momento. ¿Sería una estrategia para que nos acabáramos las bebidas y pidiéramos una segunda ronda? ¡Puede ser…! Mientras tanto, nos aprovechamos de que se podía hablar a un volumen moderado.
Al fin llegaron nuestros platos, más un cuenco de extraño diseño con ingentes cantidades de brócoli al vapor, a suerte de ensalada caliente. Yo me había pedido una hamburguesa, quizá con la esperanza de desquitarme del mal recuerdo de la que me pedí en el Giraffe el otro día. Ellos la describían como Charolais Beef burger served with cheese on a ciabatta bun, house salad & hand-cut chips
, pero en la realidad era una hamburguesita regulera, montada entre dos trozos de pan cortados de una barra (o sea, que nada de un bun completo), con un poco de queso. La ensalada de la casa espero que no sea la que tomen en su casa de normal, porque daba un poco de lástima: cuatro hojas de escarola, otra de lechuga morada, y un gajo de tomate, con un poquito de vinagreta. Las patatas sí estaban mejores que las de Giraffe, para ser justos. Los demás se pidieron Shepherd’s Pie, y no parecían descontentos, aunque mi compi se quedó con hambre: quizá la ración era pelín pequeña. Tratamos de pedirle más bebidas al camarero que nos trajo los platos, pero nos replicó que él sólo servía y retiraba platos, y no tomaba notas. Y se largó, dejándonos sedientos y preguntándonos por qué no llamaba a algún otro camarero que sí pudiera tomarnos nota (ésta es la muestra de burocracia tonta a la que me refería antes).
Mientras cenábamos, la cantidad de gente iba incrementándose y con ella el volumen del ruido en el pub. En una de ésas, se acercó de nuevo el camarero que no quería tomarnos nota, para recoger un plato vacío, y volvimos a preguntarle si, ya que no podía tomarnos nota, si podía llamar a alguien que lo hiciera. Tras unos cuantos balbuceos y explicaciones que ni nos iban ni nos venían, nos pidió nota de una manera rara: repitiendo lo que le habíamos dicho a un camarero que había en la barra, que fue el que finalmente nos trajo las bebidas.
Es una lástima que tengan estas tonterías porque el sitio es muy bonito y acogedor. Se ve que lo han restaurado hace poco, y realmente se ha quedado bien. Renovado, pero manteniendo el estilo clásico de pub. De la fachada no pude ver mucho porque era de noche (¡dichoso cambio de hora! ¡dichoso otoño!) pero por la foto parece una fachada tradicional y bien conservada.
Veredicto: si tienen bonos o descuentos y paciencia a prueba de bombas, pruébenlo. Probablemente será mejor que los pubs más comerciales de Camden High Street. Sin descuentos, la relación calidad/precio disminuye notablemente, o en otras palabras: he comido hamburguesas mucho mejores
La dirección exacta:
163 Royal College Street
London NW1 0SG
Y su web: http://www.princealbertcamden.com … tan fashion y cuidada como el pub.
